El privilegio de acceso se presenta cuando hay inequidad en la distribución de recursos sociales y cuando los programas estatales y de servicio social benefician de manera desproporcionada a un grupo demográfico a expensas de otro al presentarse de manera sistemática. Este fenómeno se normaliza a través de la institucionalización de categorías identitarias que marcan de manera negativa a los grupos sociales más vulnerables. Algunas de estas categorías incluyen clase, raza, discapacidad, expresión de género, orientación sexual, etnia o nacionalidad, y práctica religiosa.

El disfrutar de ciertos privilegios sociales – ‘asignados’ socialmente – no es un motivo de vergüenza pero tampoco debería servir para escudarse detrás de lo que ‘no se puede cambiar’ y de usar argumentos como ‘no es mi culpa el haber nacido blanco o rico, hombre o heterosexual’. Estas posiciones, además de ser reactivas y poco solidarias encubren el rol que juega cada persona en la reproducción de la injusticia social a nivel individual y colectivo. Por ejemplo, es muy cómodo tachar a quien sufre desventajas y desigualdad social y que pelea incansablemente por retener sus derechos de ‘difícil’, ‘hipersensible’, ‘rebelde’, ‘raro’, ‘irritable’ e incluso ‘peligroso’.

Muchas veces el ignorar las consecuencias específicas (materiales y concretas) de la exclusión social y la privación de derechos civiles, culturales y políticos que categorizan a ciertos grupos sociales como ‘dependientes’ y ‘no productivos’ facilita el señalamiento y la injusticia en las relaciones interpersonales. Aún más grave es el hecho de que en el contexto de la vida diaria se resta importancia a la experiencia personal de aquellos que no pertenecen a grupos sociales establecidos y cuyos derechos no disfrutan de la misma legitimidad y protección ante la ley. De ahí la importancia de conducir un análisis interseccional (Kimberle Crenshaw, 1993) y de incorporar una perspectiva intra- e interdimensional en lo que respecta a la identidad con el fin de trazar varias trayectorias opresivas y los puntos en los que se cruzan. Hay muchas personas que encarnan varios marcadores de identidad ‘negativa’ que las identifica simultáneamente como ‘dependientes’ , ‘problemáticas’, y ‘criminales’, esta situación las hace más vulnerables al odio, al abuso y a la violencia física y estructural.

Por otro lado los procesos opresivos de tipo histórico, cultural, económico y político que desencadenan en la soberanía del mundo moderno capitalista se manifiestan de manera sintomática en el contexto contemporáneo a través de fenómenos globales como el empobrecimiento endémico, el desplazamiento forzado, la violencia cíclica, el encarcelamiento masivo, el femicidio, el capacitismo, la normatividad corporal, la neuronormatividad, el racismo, la cisnormatividad, la heteronormatividad, la homofobia etc.
La naturaleza genealógica de estos procesos es compleja e insidiosa y las avenidas institucionales y jurídicas mediante las cuales se busca remediar situaciones de desventaja social resultan enraizando la desigualdad aún más. Por ejemplo, en su gran mayoría los proyectos de tipo reformista basados en el modelo del sistema neoliberal producen programas de ‘alivio’ a través de los cuales se busca paradójicamente reinstaurar la idea de aquellos que contando con apoyos sociales y programas de ayuda estatales no logran incorporarse al devenir de la vida diaria como ‘ciudadanos productivos y buenos consumidores’ son efectiva y naturalmente ‘incapaces’ y ‘disfuncionales’. Pero la verdad es que los programas remediales de carácter reformista se enfocan en tratar de solucionar problemas macroestructurales y multisectoriales con medidas unilaterales y superficiales. Es como poner una curita de primeros auxilios sobre una herida infectada. Si se cae la curita y la herida se complica, ¿quién es responsable? ¿El paciente que dejó caer la curita o la persona que omitió tratar y desinfectar el interior de la herida?

Fenómenos culturales como el llamado ‘multiculturalismo’ o el ‘crisol’ (también conocido en países anglosajones como melting pot) surgen de proyectos estatales cuyo diseño se basa en ideologías de carácter nacionalista; este es el caso del ‘excepcionalismo’ (Jasbir Puar, 2007). El excepcionalismo es un concepto analítico y una práctica concreta que se activa estratégicamente con el fin de extender status social o privilegios temporales a grupos de personas pertenecientes a comunidades sociales en desventaja.

¿Por qué se promueve el excepcionalismo?

El sistema neoliberal se ha percatado de que las tácticas que se esconden detrás de la máscara de la ‘ruptura interna’ funcionan más efectivamente que las que llevan la marca del estado. Por ejemplo, hoy en día se habla de la división que existe entre comunidades gay que se asimilan al sistema nacional heteronormativo y las comunidades queer se aferran políticamente a culturas autónomas que subsisten fuera de las estipulaciones del estado normativo. Por un lado, hay comunidades gay que consagran su unión mediante el rito del matrimonio, que buscan los derechos de adopción, que llevan una vida al estilo clase media y que se establecen como buenos consumidores y buenos ciudadanos. Por el otro lado hay comunidades queer que rechazan todas las formas anteriores de asemejamiento y que además expresan abierta y públicamente preferencias y deseos sexuales que se consideran tradicionalmente ‘depravados’ o ‘patológicos’ , al igual que también celebran la riqueza de la cultura, las artes, la literatura, la historia y las relaciones afectivas queer como forma de liberación colectiva.

¿Con qué fin se promueve el excepcionalismo?

Por un lado entre más divisiones se produzcan entre grupos tradicionalmente marginalizados, menos disidencia y menos oportunidades de protesta social colectiva son posibles; por otro el proceso de asemejamiento busca enterrar aún más la realidad de las diferencias humanas y el valor y el peso que éstas tienen para iniciar y legitimar propuestas sociales que lleven a la transformación positiva del mundo contemporáneo y a la justicia social para todos.

La neuronormatividad y el privilegio neurotípico:

Los autistas y neurodivergentes se ven afectados por el privilegio neurotípico de manera importante en la vida diaria. Ya que la neurodivergencia es una discapacidad de carácter primordialmente invisible, no solo los proveedores públicos sino también las personas con las que compartimos nuestra vida (familiar, académica o laboral) insisten en que las adecuaciones que solicitamos para librar las dificultades sensoriales del día a día son injustificadas. Así mismo aseguran que lo que debemos hacer es esforzarnos ‘un poco más’ para asemejarnos y evitar convertirnos en una carga social para la mayoría de la población que se beneficia del privilegio neuronormativo – todo esto ‘por nuestro bien’.
El costo del asemejamiento es muy alto no solo en el aspecto emocional y psicológico sino también en el aspecto físico. Es común que el agotamiento que experimentamos al hacer esfuerzos permanentes por aparentar ‘normalidad’ a costa de nuestro propio bienestar desencadene en crisis extendidas de ansiedad y depresión. También es muy común experimentar problemas de salud relacionados con el estrés como son las migrañas, los problemas digestivos o uterinos severos y la fibromialgia entre otras muchas enfermedades invisibles de carácter crónico. Estos son problemas con los que convivimos de forma personal y dan lugar a muchos momentos en los que nos hemos sentido confusas sin saber quienes somos o si pertenecemos a esta sociedad.

Por lo anterior nos preguntamos:

¿Si el privilegio social juega un papel importante en la creación y en la validación de categorías sociales opresivas que obstaculizan la oportunidad de tener una vida digna y disfrutable para millones de personas, no es entonces cierto que las personas en situaciones sociales privilegiadas tienen una responsabilidad no solo cívica sino ética con las personas que se encuentran en situación de extrema desigualdad?

¿Qué podemos hacer si estamos en una posición de privilegio? Podemos por ejemplo usar nuestra influencia cualquiera que esta sea para amplificar las voces de quienes se encuentran en situación de desventaja y desigualdad social. En lugar de decir «no todos los hombres, ricos, políticos hacemos esto o aquello» cuando una comunidad habla de los efectos del privilegio selectivo y de los sistemas jerárquicos que los oprimen podemos escuchar atenta y asertivamente y buscar oportunidades que mediante el diálogo y la acción social nos acerquen cada vez más a la liberación colectiva.

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[Descripción de la imagen: Fondo negro con el texto en azul “¿Qué es el Privilegio de Acceso y Cómo Impacta al Desarrollo del Capacitismo? ” un subtexto en verde “Autismo Liberación y Orgullo”. Al lado derecho hay un mandala en colores brillantes. un centro celeste con seis puntas, rodeado de seir pétalos rosa, rodeados por una estrella verde de seis puntas, de cuyas puntas salen colores rosa y amarillo.]